Su diseño prometía a una danza salvaje, un susurro de las fábulas profanas que susurraban las mujeres sabias.
La piedad se fundía ante la llamada del placer, una entrega total que aseguraba éxtasis.
Su diseño prometía a una danza salvaje, un susurro de las fábulas profanas que susurraban las mujeres sabias.
La piedad se fundía ante la llamada del placer, una entrega total que aseguraba éxtasis.